Para quien entienda que la vida como un va y ven de sentimientos, que me explique el significado de resignación en cada madrugada.
En este año me he reprochado escribiendo en un móvil o sobre papel pentagramado intentado comprender de qué me sirve regalar toda un primavera. Vivir mañanas, tardes, noches y madrugadas de verano, si en las tardes frías, húmedas y oscuras noches de invierno, la belleza anda sobre estimada en el calor exterior y superficial de un concierto cutre de "pop".
Ya casi nadie entiende la belleza parisina de un olor a tinto sobre una taza a penas gris pizarra, un sabor a cigarro Gauloisse recién encendido, lo húmedo de un beso bajo un paraguas estropeado y el agua salpicando de a poco a los calcetines, el sonido de un viejo bandoneón, armonizado por un pintor frustrado, las notas palpitantes de La Vie En Rose de Piaf, la vista de millones de gotas que pelean por llegar primero deteriorando los paredones de las villas y dejándolas de un color ocre.
¿Quien se atreve a abandonarte durante tanta belleza buscando un verano cutre que no entiende ni siente el frío?
¿Quién se atreve a entender un bronceado siena perfecto sino a probado el agua ni el viento helado sobre su cuerpo?
¿Quién?
Siempre en otoño se puede empezar de nuevo, acompañado de una sombra que se hace llamar soledad.
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